El crecimiento y desarrollo de la ganadería hacia zonas extrapampeanas es indiscutido. Un manejo eficiente en muchos de esos ambientes requiere de herramientas para estabilizar la dinámica del pastizal natural y de un manejo efectivo del pastoreo, para transformar la mayor cantidad de pasto en carne, sin degradar el recurso.
En Mercedes, Corrientes, la empresa familiar que actualmente conducen los hermanos Piñero, Daniel y Marcelino, presidente y vicepresidente, respectivamente, tiene tres fortalezas que la diferencia de la mayor parte de los planteos ganaderos de cría de la zona: las pariciones estacionadas, la suplementación estratégica con sorgo, el desarrollo de la buena genética con cruzamiento de tres razas, entre las que sobresalen Braford y Brangus, y el manejo empresario.
La familia Piñero maneja Itá Ibotig (Flor de piedra, en guaraní) desde los años 70, ésta estancia de 6.700 hectáreas, fue el escenario de una reciente jornada a campo que el IPCVA desarrolló en Corrientes. El establecimiento nació a partir de la división que se hizo del campo original, Itá Puá (piedra levantada), que estaba en la familia desde 1860.
Los hermanos Piñero comenzaron a trabajar en la estancia en el año 1984 bajo el mando de su padre, en ese momento el presidente de la empresa. En el año 1991 incorporaron otra fracción a Itá Ibotig, perteneciente al campo original, de 500 hectáreas, a la que llaman La Reservita.
El nombre Itá Ibotig hace referencia a una flor amarilla que crece entre los afloramientos rocosos que se dejan ver en las lomas y que son parte del relieve muy quebrado del campo. Al igual que una típica sabana, el pastizal está formado por pastos cortos y largos (predomina la paja colorada) los cuales se mezclan con arbustos de espinillo y montes implantados de eucaliptus. También hay una gran área de bañados cerca del río Miriñay, donde domina la paja cortadera y una diversa fauna silvestre, que es un placer observar cuando se asoma al atardecer.
Más verborrágico que su hermano, Marcelino dialogó con Clarín Rural durante la recorrida por el campo. Acompañado por su hijo Tomás, cuenta que una de las ventajas competitivas que les permitió mantenerse en el negocio durante los años adversos fue la escala. También fue una buena decisión endeudarse con el fin de evitar liquidar stock y pensar en nuevas y mejoras ideas para cumplir con el presupuesto anual.
Más allá de la eficiencia de su manejo productivo, destacaron que la estrategia de tomar créditos para el mediano plazo fue una gran decisión de Daniel, porque se adoptó en el momento del cierre de las exportaciones, mientras parecía que todo el negocio se derrumbaba, y con el fin de mantener el stock de hacienda.
Los hermanos administran Itá Ibotig desde hace 27 años con un régimen que incluye que cada uno vive un mes por medio en el campo mientras el otro trabaja en cuestiones asociadas a la empresa desde Buenos Aires. Según cuentan, muchas personas descreían que con esa dinámica pudieran funcionar, pero dicen que el paso del tiempo fortaleció a la empresa y les dio la razón. Tal vez una parte de las ventajas comparativas que tienen actualmente sea el fruto de esa competitividad interna que ellos supieron ir formando con el tiempo.
Como en este caso no tienen una alternativa agrícola, en los años más difíciles de la ganadería la empresa apuntó a aumentar el valor agregado de la hacienda. Entonces, por un lado, vendían terneros, pero a otros también los recriaban. Además, engordaban algunas terneras de excedente en Entre Ríos, para acceder al mercado del gordo más cercano, en Buenos Aires.
Pero el manejo también es un tema central. Uno de los aspectos que destacan los Piñero es el de tener un rodeo ordenado en el momento de la preñez. Ya que no contamos con el apotreramiento necesario, las hembras se apartan por grupo; así que están las preñadas en septiembre, las de octubre y las de diciembre uno y diciembre dos, relata Marcelino. Y añade que este manejo genera múltiples ventajas, pero hace a la eficiencia para el manejo de las pariciones, de los toros, del personal, de la señalada, del momento de venta y también del ajuste de la curva de pasto a los requerimientos de cada categoría.
Tomás coincide en que este aspecto es muy importante. Licenciado en economía y administración agraria, vive y trabaja en la estancia desde hace nueve meses. Relata que los déficits invernales de pasto son muy marcados, porque son muy pocas las especies invernales que subsisten en ambientes subtropicales, explica ( Ver Menos paja…) . Por ello, remarca que a la carga hay que ajustarla a lo que ofrece el invierno, excepto que se suplemente para aprovechar la potencialidad del pasto natural de primavera-verano (Ver La teledetección ). Según Marcelino, el pasto de primavera permite engordar un ternero a razón de un kilo diario.
Los índices productivos de Itá Ibotig son buenos para la zona. Un promedio de los últimos ocho ciclos muestra que la carga fue 0,5 vacas/ha, y que se produjeron 67 kilos de carne/ha. El porcentaje de preñez fue del 80% y los terneros se vendieron con 200 kilos.
Este esquema, en Mercedes, muestra una de las bases sobre las que podrá sostenerse y volver a crecer la ganadería argentina en el mediano plazo. También, es un ejemplo interesante de manejo productivo y empresario, que asume riesgos antes las distintas coyunturas, pero siempre con un objetivo bien claro en mente.
Menos paja, pero más verdeos y terneros
En el establecimiento Itá Ibotig, la tecnología siempre tuvo un papel fundamental. Daniel Piñero, el presidente de la empresa familiar, cuenta que participan desde hace más de veinte años en un grupo GUIA (Grupo Unido INTA Asesorados).
Justamante, a partir del asesoramiento que reciben del técnico que coordina el grupo, ellos van adoptando distintas tecnologías y, este año, gracias a la relación de precio, se animaron a arriesgar sembrando, por segundo año consecutivo, su propio verdeo invernal o el sorgo para generar las reservas que ellos siempre compraban.
Respecto al verdeo, los Piñero cuentan la prueba que están haciendo con raigrás sobre el ambiente que inunda el río Miriñay, que atraviesa el campo, y sobre el que ellos planifican ampliar la superficie efectiva y desplazar a la paja cortadera, especie no palatable para la hacienda.
La siembra estratégica de raigrás permite recriar los terneros cola de parición que se destetan en abril-mayo y venderlos a invernadores en octubre-noviembre, momento en el que aún faltan en el mercado. Todavía nadie puede explicar cómo el año pasado el raigrás aguantó una semana bajo el agua cuando el río creció, dice Marcelino Piñero, quien este año quedó impresionado con la productividad que está dando la gramínea en el bajo del campo, que todavía no está inundado.
Fuente: Clarín, Suplemento Rural, 9 de julio.


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