La implantación de pasturas es una instancia central para lograr una buena pradera. El INTA da consejos claves para evitar pérdidas.
La siembra es una labor crucial que define en gran medida la futura producción y persistencia de una pastura perenne. La falta de cumplimiento de cuestiones agronómicas básicas llevará a fallas de implantación y producirá un perjuicio económico. Por eso, especialistas del INTA Balcarce brindan una serie de pautas para lograr una buena siembra.
Si bien se han producido avances en la calidad de implantación de pasturas, también ocurren muchos fracasos. Las razones son varias, pero con bastante certeza podemos decir que se le presta mayor atención a la siembra de cultivos anuales (maíz, soja o girasol) que al establecimiento de praderas, cuando ellas deben producir forraje en cantidad y calidad, por lo menos, durante cinco o seis años explica el técnico Jorge Castaño, del grupo Pasturas de la EEA INTA Balcarce.
En estos momentos está la oportunidad para realizar los trabajos necesarios pensando en la próxima siembra. A la hora de pensar en un protocolo de siembra de praderas para ambientes ganaderos, Castaño apunta una serie de supuesto: praderas en las que se busque la mayor perennidad posible; que el cultivo de verano antecesor sea funcional a las especies que integren la pradera; que las siembras serán de otoño y en siembra directa y también que la calidad de los lotes, sea por encharcamiento o alcalinidad, es muy variable, con lo cual se deben ponderar las superficies que ofrecen mayores riesgos de fallas en la implantación y conocer riesgos.
La planificación con tiempo es la llave del éxito, por eso es muy importante la definición del lote a sembrar. En la medida de lo posible se deben sectorizar los distintos ambientes de acuerdo al porcentaje de sodio intercambiable, la conductividad eléctrica y el pH. Es conveniente utilizar especies guías como gramón o pelo de chancho, especifica el profesional, y agrega que hay que definir la superficie en cada caso y ver la posibilidad de realizar tratamientos diferenciales, así como también evaluar la profundidad de la napa freática.
La presencia de especies como el gramón, pelo de chancho, raigrás anual semillado y otras malezas indica que éstas deben ser muy bien controladas previo a la siembra de la pastura, sostiene Castaño, considerando que son especies muy competitivas por los recursos frente a una pastura en emergencia.
El profesional manifiesta que es determinante tener en cuenta los requisitos del cultivo antecesor, entre los que se cuentan: ofrecer una cama de siembra firme y pareja, liberar el lote temprano y control de malezas sin uso de herbicidas residuales.
Otro punto que el técnico destaca es que se debe prestar especial atención a la regulación de la sembradora, sobre todo la profundidad. La principal recomendación es quitar las ruedas tapadoras.
Durante marzo-abril, aconseja Castaño, se debe monitorear cada 15 días la presencia de insectos (pulgones, trips) y a partir de los 50 días evaluar la cantidad de plantas logradas según especie en relación a la semilla utilizada.
Finalmente, el primer pastoreo puede realizarse desde que se produce el cierre del entresurco. Se recomienda hacerlo liviano para disminuir la competencia entre plantas y favorecer el macollaje de la gramíneas, aconseja el profesional, además de atender a la buena implantación de las plantas, que haya suelo firme y pastorear con anticipación en lotes grandes con poca carga.
Fuente: Clarín, rural, 6 de abril.


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