«El comprador no está acostumbrado a adquirir esa mercadería. Ningún supermercado te compra 150 toritos». La frase corresponde al consignatario Fernando Sáenz Valiente y se trata de una de las voces críticas del MEJ.
«Puede ser como destino de exportación, pero es muy difícil colocar en el mercado interno», dijo, y agregó: «Hoy no tiene mercado; para que eso pase debe tener volumen».
De acuerdo al consignatario, mientras «un novillito de 350 kilos vale 12,50 pesos, un toro gordo está con mucha suerte 11,50 pesos».
Para Sáenz Valiente, la carne que proviene de la nueva categoría «es más dura, más fibrosa. No puede competir con un novillito especial; no es la misma carne que un novillo».
Otra visión
En cambio, Damián Manzanelli, jefe de planeamiento de ganadería y feedlot de Quickfood Marfrig, la empresa impulsora de la nueva categoría, señaló: «Los MEJ se compran a rendimiento con la misma modalidad y tipificación que los novillos, sin ninguna diferenciación comercial. Sólo se verifica la dentición antes del palco de faena para corroborar que sea MEJ».
Además, Manzanelli agregó que se pueden obtener «cortes para los mercados interno y externo manteniendo la calidad».
Según Manzanelli, el MEJ es una «innovación organizacional».
«Por ser una especialidad basada en una tecnología de procesos, que abarca desde la cría a la faena, nuestra compañía asumió el rol de coordinar la tarea, no sólo desarrollando la tecnología MEJ, sino involucrando al Estado para lograr su habilitación oficial, transfiriendo los conocimientos a profesionales y productores a través de su programa de extensión Impulso Ganadero, y asegurándole a sus proveedores un comercio justo a partir de la valorización del nuevo producto en el mercado, incluso a través de la firma de acuerdos», subrayó.
Fuente: La Nación, Suplemento Campo, 28 de abril.


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