Por Adrián Simioni.
Todavía estábamos en la campaña electoral. El kirchnerismo trataba de mostrar su mejor cara. El 3 de septiembre, el candidato perdedor de Cristina Fernández en Buenos Aires, Martín Insaurralde, nos emocionó a todos: Para mí, la inflación es mayor a la del Indec, reconoció.
Pero pasadas las elecciones, todo volvió a su lugar. La segunda de Guillermo Moreno, María Pimpi Colombo, dijo el viernes posterior a los comicios que la inflación no es un problema. Y el domingo, entrevistado por un diario cercano al Gobierno, Moreno preguntó: Si la carne no sube hace tres años, ¿de qué inflación estamos hablando?.
Tanta obcecación en negar lo evidente está a punto de llevar a Moreno a generar la misma catástrofe de lesa ganadería que inició en 2006. Ese año empezaron sus intervenciones (prohibición de exportar, controles de precios, etcétera), que derivaron en 2009 en uno de los rodeos más reducidos de la historia y una brutal estampida de precios, luego de que nos comiéramos hasta las vacas madre por el precio artificialmente barato que él había impuesto. Las operetas morenistas, de tranco cada vez más corto, no pudieron contener la remarcación.
Muchos ganaderos liquidaron su capital de cuatro patas. Argentina cedió mercados que no recuperó. Eso explica la mishiadura en frigoríficos hechos para exportar, como Estancias del Sur. Hoy estamos décimos entre los exportadores mundiales… Si Nicaragua no nos relega al puesto 11. No es broma.
Con aquella estampida de precios, la ganadería recuperó algún horizonte interno y quedó descolocada en el externo, aunque de todos modos las trabas siguieron. Como la inflación continuó haciendo su trabajo, hoy el valor de la hacienda en pie está por el piso. Y barata en el mostrador, como dice Moreno. Pero ya estamos por comernos las madres. ¡De nuevo! Lesa ganadería serial.
Vos, negá todo
Un especialista, Néstor Roulet, advierte que hay más oferta de carne porque los productores, desalentados, están liquidando stocks . Para consumir el exceso de carne roja, deberíamos comer un récord mundial de 65,2 kilos por habitante este año. Lo cual ni siquiera es saludable. Y deja una pregunta: si Argentina no puede exportar carne, ¿qué piensan los cráneos que este país podrá vender?
Moreno tiene una salida: bajar retenciones. Pero tal vez todo siga igual.
Por ahora, el Gobierno está petrificado. Como lo está para afrontar el dilema del cepo cambiario, la pérdida de reservas, la decadencia de la infraestructura, el récord de presión impositiva y la trepada del déficit fiscal. Su táctica es la dilación negatoria.
Fuente: La Voz del Interior, 7 de noviembre.


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