Castillo es un reconocido experto en nitrógeno, y aquí su labor tiene mucho que ver con la gran preocupación que existe por los temas ambientales en el Estado, dentro de los cuales el nitrógeno tiene un rol muy importante. En Argentina, fue jefe del Departamento del Extensión Animal del Inta Rafaela, la oficina de extensión en lechería más importante del país.
Es el hombre justo para entender qué pasa en la lechería de California (la más importante del principal país productor del leche del mundo), y la del resto del planeta, incluyendo la Argentina.
«En todos los países del mundo se produjo una concentración del número de tambos en las últimas décadas, que se acentuó con el inicio del proceso de estabulado, a principios de los 80. En 1950 había en California 4.000 tambos y ahora hay 2.200. Acá el achique tuvo que ver con el avance de las áreas destinadas a las uvas y las almendras», explica Castillo en la austera oficina en la que trabaja, en Merced, ante la visita de un grupo de argentinos organizada por las empresas Forratec, de Argentina, y Dairyland, de EE.UU.
«En la Argentina se está dando un proceso similar, aunque con la soja. Estamos viviendo lo mismo que pasó acá hace 30 años», describe. «Y yo creo que eso es muy bueno», se juega.
La agencia de protección animal de los EE.UU., está poniendo mucha presión a los productores, y hay cada vez más preocupación por el confort animal y la protección del medio ambiente. En esa línea, Castillo muestra que un trabajo presentado recientemente aquí revela que muchas cabezas produciendo pocos litros cada una contaminan más que menos cabezas produciendo más litros. «Los establecimientos nuevos no se pueden instalar si están a menos de 5 kilómetros de una casa. En realidad, hoy es casi imposible poner un tambo en California. Yo diría que el que quiere venir a poner uno acá está loco», asegura.
California produjo en 2007 casi 20.000 millones de litros de leche, el doble que la Argentina. Y en los últimos 10 años desplazó a Wisconsin como principal estado productor, aunque en 2008 volvieron a estar parejos. Es el 24% de la producción de los EEUU.
Castillo no es el único experto en lechería argentino que ha emigrado. Otro es un amigo suyo, Ronaldo Vidal, ahora asesor en Nueva Zelandia, a quien cita para plantear cómo puede ser el negocio lechero del futuro. «Yo creo, siguiéndolo a él, que será un negocio de nichos. No más leche en polvo. Como, por ejemplo, el caso de los neocelandeses, que descubrieron que a los viejitos chinos les gusta tomarse un vaso de leche antes de irse a dormir, y ahora hacen un producto específico para esa necesidad», describe.
La crisis de la lechería es global. No es un patrimonio único de la Argentina. Es cierto. Aquí, en este Valle de San Joaquín que es considerado por muchos como la región más importante del mundo para la producción de alimentos (el llamado «Valle Central», en California), el litro de leche pasó de valer 40 centavos de dólar en febrero a 20 en la actualidad.
A la crisis mundial se sumó el aumento del costo del agua para riego, el insumo clave en la zona (un desierto convertido en vergel por 150 diques y miles de canales de riego), porque hubo menos nieve en las montañas que alimentan los canales. La suba hizo que muchos productores desaparecieran. En el verano pasado costaban entre U$ 800 y U$ 1.000 los 300 milímetros. A esos valores, los 900 milímetros históricos anuales que llueven en la Pampa Húmeda argentina costarían entre U$ 2.500 y U$ 3.000.
El tema del agua es central en el debate hoy en California, e impacta en la lechería de todo el mundo. Muchos quieren preservarla para los ríos y hasta «hay grupos ambientalistas muy poderosos y bien preparados que no quieren ver ni un animal en California», dice Castillo. «Quieren que todo se haga en América Latina. Y yo, sinceramente, creo que la producción, en algún momento, se va a hacer en otro lado y no acá», dice.
Para el especialista, los problemas ambientales que hay en California deben encararse con un plan de manejo de efluentes y otro de nutrientes. Y considera que «esto es lo que vamos a tener que hacer en la Argentina en los próximos 10 años».
La globalización es palpable. Lo que pasa con el agua en California impacta en los tambos en la Argentina. Como también pegan otras cuestiones. Por eso, Castillo posa su mirada más allá de hoy.
Afirma que la crisis de la lechería en California recién empieza. Y que los precios sólo se recuperarían desde marzo. «Todos los ojos miran a China e India, porque habrá un déficit de leche a nivel mundial, aunque hoy la visión del mercado mundial sea repositiva. En esos países siguen creciendo las clases medias, que son los principales consumidores de leche. A los chinos les gusta comer hamburguesas con queso. Y eso es un montón de leche», grafica.
En cuanto a los sistemas de producción, Castillo considera que la Argentina está avanzando hacia el «Dry Lot» (corral seco), por una cuestión de costos. Se trata de corrales tipo los de los feedlots, con sombra para los animales, comederos en algún lateral y agua que los refresque cuando hace calor, preferentemente mientras se alimentan, con calles asfaltadas o en excelente estado por los lugares por los que transite o cargue el mixer. Aquí, en California, en cambio, esos sistemas están siendo paulatinamente reemplazados por los «Free Stoll», que incluyen camas individuales para las vacas, sin corrales de amplio espacio.
Cuando los sistemas son muy grandes (en California buena parte de los tambos tiene más de 1.000 vacas en ordeñe), el Dry Lot es más difícil de manejar. Y eso se nota en la producción. Este sistema puede estar en un promedio de 30 litros por vaca y por día, contra 40 del Free Stoll.
Para la Argentina, el problema es el manejo del barro y del estiércol. Aquí, en California, sólo llueve durante 4 meses en invierno. Durante el resto del año, nada.
«Confort animal y manejo del estiércol serán dos cuestiones centrales en el proceso de llegar a 18.000 litros en el 2020 en la Argentina, cosa que yo creo muy posible. Será así porque los países desarrollados pondrán restricciones para-arancelarias para comprar, que tendrán que ver con esas cuestiones», adelanta.
Castillo tiene clara su visión de la lechería en la Argentina, aunque para algunos pueda resultar polémica. Y lo explica: «La concentración será creciente e inevitable en los tambos de nuestro país», dice. Y menciona que eso está ocurriendo también en Nueva Zelandia, donde desaparecen 3% de los tambos por año.
Concentración, profesionalización y especialización. Quizás sean tres palabras que ayuden a entender el futuro de la lechería en el mundo, incluyendo a la Argentina. Aquí, los productores de granos y de forrajes como la alfalfa son, en general, distintos que los tamberos, que les compran esos insumos. Y, ahora, algunos productores se están especializando en atender las guacheras, para las terneras hembras que serán futuras madres y vacas en producción: se trata de los «Calf Ranches» (campos de terneros), que trabajan con un sistema parecido al de hotelería que conocemos en los feedlots de la Argentina.
Un dato más de una realidad distinta a la nuestra, pero que hay que seguir de cerca, porque tiene mucho que ver con lo que pasa, y pasará, en nuestro país.
Fuente: Sergio Persoglia, Clarín Rural, 26 de septiembre.


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