Un estudio del INTA revela qué dicen los ganaderos sobre prácticas claves para mejorar la productividad. La importancia del diálogo de extensionistas y productores para achicar la amplia brecha de rendimiento entre los que más y menos producen.
El punto de vista de los técnicos no siempre está en sintonía con el de los ganaderos. Muchas veces, sobre un mismo problema, práctica o manejo, unos dicen una cosa y los otros ven otra. Habría que generar espacios de interacción entre extensionistas y productores para construir una solución o conocimiento superador, planteó Silvana Giancola, investigadora del Instituto de Economía y Sociología de INTA con relación al trabajo Causas que afectan la adopción de tecnología en la Ganadería de Corrientes publicado en 2013.
El estudio es parte de una investigación que el INTA llevó adelante en varias provincias con el objetivo de mejorar el acceso de los productores a la tecnología. En el caso de la ganadería hay prácticas disponibles desde hace más de 20/30 años que no se aplican, apuntó Giancola. Y detalló que en el estrato seleccionado, existen brechas del 100% en la productividad, alambrado de por medio, o sea que no se explican por cuestiones agroecológicas.
La metodología
El relevamiento de Corrientes, realizado en ocho departamentos, se focalizó en productores de tamaño mediano, de 500 a 3.000 cabezas, ya cualquier mejora en la adopción de tecnología tendría un alto impacto en el volumen de producción provincial, argumentó la especialista, aclarando que hay conclusiones que pueden ser extrapoladas a todo el sector.
Una vez definido el objeto de estudio, se pidió a técnicos e investigadores púbicos y privados, referentes de la zona, que identificaran de común acuerdo las tecnologías críticas que según su visión permitirían aumentar la productividad de los sistemas ganaderos.
Luego, se trabajó con los productores para indagar sobre las causas que afectan la adopción mediante la técnica de grupos focales. Incluimos de 8 a 10 participantes y los motivamos para que se sientan cómodo y nos brinden sus opinión. En este caso, la idea no era buscar consenso sino levantar diversidad de respuestas; esto es lo enriquecedor del estudio, dijo la investigadora.
Diferentes visiones
A la hora del procesamiento de los resultados, surgieron numerosos aspectos de interés sobre las tecnologías críticas seleccionadas.
Teniendo en cuenta que el campo natural es el 75% de la base forrajera de Corrientes, los técnicos señalaron que la reserva de este recurso es una de las prácticas más importantes, explicó Giancola. Y la describieron como la clausura del potrero para acumular el forraje que se va a aprovechar en el período crítico, recomendando hacerlo en marzo y abril para pastorearlo a partir de mayo. El objetivo es que las categorías de recría no pierdan peso en el primer invierno después del destete.
Sin embargo, cuando se les preguntó a los productores sobre la misma práctica aludieron a otras cosas. Hablaron del manejo del campo natural, por ejemplo, mediante cortes y quemas, pero no de la reserva tal como la habían definido los técnicos, afirmó.
Lo llamativo es que los grupos focales de distintas localidades de la provincia indicaban lo mismo. Para los profesionales era una práctica clave para mejorar, pero los ganaderos no tenían claro el concepto, no sabían de qué se trataba ni para qué servía. Había una confusión, por eso no la estaban implementando, aseguró.
En cuanto a los que sí conocían la reserva del campo natural, se detectó que la falta de apotreramiento condicionaba la adopción. Una variable que no depende ya del conocimiento sino de la inversión de capital, indicó.
Giancola sostiene que nadie pone en tela de juicio la importancia de técnicas como hacer tacto y estacionar el servicio. Pero está convencida de que no se puede ir con la receta. Hay que tomarse el tiempo de escuchar a los productores, entender porqué no aplican una determinada práctica y explicárselas en función de eso.
El productor viene con su historia, con lo que hacían sus padres y abuelos, y puede aportar su saber, mientas que el técnico llega al campo con su conocimiento científico tecnológico. Si ambos interactúan se puede construir una solución superadora, una innovación, reflexionó.
Para Giancola, el extensionista tiene la posibilidad de reorientar su tarea en función del mensaje del productor y hasta la investigación misma puede retroalimentarse de sus demandas y experiencias, generando algo más adaptable a su zona y realidad productiva. Por ejemplo, una práctica más ajustada a la dotación de capital de ese productor, que sirva a su necesidades, explicó. En ese sentido, subrayó que la innovación no se refiere sólo a aplicar una técnica desconocida sino a incorporar algo que no se hacía y que ahora se internaliza y se usa.
Fortalezas y oportunidades
El trabajo del INTA detectó que la adopción de la mayoría de las tecnologías críticas está afectada básicamente por la falta de conocimiento y, en muchos casos, esto se encadena con la carencia de mano de obra, infraestructura y servicios.
Sin embargo, un aspecto a resaltar es que la identidad del ganadero correntino representa una fortaleza para la provincia. La actividad genera orgullo, tradición y arraigo. Los valores traspasan de generación en generación y existe confianza en la palabra y las acciones del productor. Estas características, sumadas a que la ganadería es la principal fuente de ingreso familiar, motivan el deseo de mejorar, de incrementar la rentabilidad, a fin de garantizar la continuidad de sus empresas, señala la publicación.
Un antecedente alentador es que los ganaderos que participan en los programas Cambio Rural y GUÍA del INTA cuentan con un nivel tecnológico de medio a alto, lo que hace pensar que los grupos de trabajo constituyen uno de los espacios necesarios para la interacción entre técnicos y productores.
Por Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne.
Fuente: Valor Carne, enero 2014


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