Los sistemas ganaderos del Nordeste argentino (NEA), forzados por la desaparición de la actividad en la región pampeana, están cambiando de modelos casi exclusivamente de cría a los de cría y recría o incluso de ciclo completo.
En este escenario, según se explica en un trabajo realizado por Diego Bendersky, ingeniero agrónomo de la Estación Experimental Mercedes del INTA, para garantizar la sostenibilidad del sistema ganadero, es imprescindible plantear alternativas que permitan incrementar y estabilizar la producción de forraje.
Las opciones tecnológicas que más se difunden para lograr este objetivo son: fertilización de campo natural y la introducción de pasturas perennes y verdeos.
La utilización de verdeos invernales permite, no sólo incrementar la oferta forrajera invernal, sino también la posibilidad de contar con una fuente de proteína pastoril que mejore la eficiencia de utilización de forraje diferido o de un silo de planta entera de sorgo o maíz. El intento por incrementar la receptividad ganadera no debe ser un hecho aislado dentro del sistema de producción sino, el resultado de una planificación forrajera.
El impacto económico de un verdeo de invierno se minimiza al ubicarlo en una proporción justa respecto de la superficie ganadera total con un objetivo claro dentro del sistema de producción. Su uso estratégico, para lograr alta ganancia de peso durante el invierno de una determinada categoría (por ejemplo, vaquillas de reposición) o para la terminación de novillos, tiene un impacto sobre el sistema que justifica su inclusión.
Previo a esto es fundamental planificar la fertilización con nitrógeno, teniendo en cuenta que a la siembra se fertilizó con fósforo. Ensayos en la EEA Mercedes demostraron que la fertilización con urea a inicio de macollaje incrementa la producción de pasto, pero además, y quizás el efecto de mayor impacto, permite adelantar el uso en al menos 28 días.
Fuente: La Nación, Suplemento Campo, 11 de febrero.


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