«En 2010 los criadores vendían sus terneros obligadamente, porque tenían deudas de arrastre que ya cancelaron y porque retuvieron las hembras para repoblar. En 2011, con terneros 30 o 40 kilos más pesados que los del año pasado, con bastante pasto, con mejores perspectivas climáticas y condición financiera holgada, les cuesta mucho desprenderse de cantidades importantes, sobre todo en un contexto inflacionario» agregó. Como consecuencia, a medida que avanza el año y se aleja La Niña los valores de la invernada se fortalecen, tanto en remates como en ventas particulares. «Quienes especulaban con una baja para comprar más adelante, ven que no se produce y finalmente se deciden a pagar lo que los vendedores piden», completó el consignatario.
«En 2011, los ganaderos hacen presupuestos y ven que les quedará utilidad, por lo que muchos están armando carpetas para hacer mejoras en los campos, luego de muchos años de desatención por falta de rentabilidad», afirmó un profesional que atiende campos en Ayacucho. «En 2011 los criadores no tienen excusas: deben reacondicionar las instalaciones para el trabajo con hacienda -molinos, aguadas, alambrados y mangas-, hacer reservas forrajeras para el invierno y aplicar todo el paquete tecnológico disponible para aumentar la productividad», aconsejó, a su vez, un veterinario de Chascomús.
Mientras tanto, los invernadores pastoriles tratan de terminar las camadas de novillos antes de entrar al invierno suplementando con ración, lo que también permite cargar más kilos por cabeza y diluir la desfavorable relación de compraventa. Las dietas incluyen silo y grano de maíz en distintas proporciones, según los resultados de la cosecha. Quienes tienen poco stock de cereal guardado lo muelen para aumentar el aprovechamiento por parte de los animales.
Fuente: La Nación, Suplemento Campo, 26 de marzo.


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