Los Herrero recrían y engordan sus novillos como un complemento necesario de su producción agrícola.
QUIMILÍ, Santiago del Estero (De un enviado especial).- Los hermanos Fernando y Daniel Herrero vienen sacudiendo estructuras tradicionales con decisiones que cambiaron el eje de su explotación familiar. Pasaron de un campo dedicado a la cría a una empresa que engorda sus terneros, incrementaron la superficie agrícola en campo propio y se animaron a sembrar en lotes de terceros. Y por si les faltaba algo de trajín, armaron una cabaña Braford de la que salen 40 toros por año, la mitad se vende y la otra mitad se utiliza en sus rodeos de vacas.
Los Herrero apuntan a lograr dos objetivos: escala en sus distintas actividades para diluir los costos fijos, una gran preocupación en estos tiempos de alta inflación y una ecuación equilibrada de rentabilidad y blindaje económico para sortear las variaciones de precios y los avatares climáticos, como la seca actual. Como santiagueños y conocedores de la zona saben que son más los años malos o mediocres que los buenos. Esto no lo amedrenta para seguir apostando a la agricultura, pero sabiendo que en esta región la ganadería siempre debe estar como el último respaldo. «Nosotros creemos que vender el ternero es desperdiciar el esfuerzo. Lo llevamos a gordo. La cría es una actividad de mucho esfuerzo y poca renta por lo que no dudamos en poner los corrales de encierre con grano», afirma Fernando Herrero.
De las 4300 hectáreas totales le dedican 2000 hectáreas a la agricultura de la que utilizan parte del grano para la terminar los novillos en 400 kilos a los 20 meses. En la etapa final los novillos son encerrados en los meses de abril y mayo para venderlos entre julio y agosto. Esos 100 kilos finales que ganan a fuerza de grano son posibles porque los novillos ya vienen lanzados con una fuerte ganancia diaria obtenida en las pasturas de gatton panic. De la primavera al otoño, más precisamente de octubre a abril, la producción de esta forrajera megatérmica permite sostener tanto altas cargas animales como buenos engordes.
La seca que todavía no se cortó y la falta de rentabilidad de la soja y el maíz congelaron por el momento la decisión de los Herrero de salir a sembrar en campos de terceros. «Estamos analizando si salimos a sembrar las 2.000 hectáreas que se venían alquilando. Todavía tenemos tiempo hasta mediados de diciembre, pero es más que probable que no hagamos nada porque el número no cierra», afirma Fernando Herrero.
En los últimos doce años los rindes promedio de soja que obtuvieron los Herrero fue de 20 quintales y en maíz de 35 quintales. Y según sus cuentas el rinde de indiferencia en soja trepó para esta campaña a los 22 quintales de los 13 quintales con que se manejaban en las últimas campañas.
Pilagá, la gran apuesta
Los Minetti adquirieron la cabaña y la marca junto al productor Luis Magliano
Es muy extraño que una familia de chacareros se enamore de la agricultura. Esto les ocurrió a los Minetti, que durante toda su vida hicieron chacra en su campo de Luque hasta que se toparon con las vacas de cría del campo de Quimilí. Y de ahí en un viaje de ida, junto al productor Luis Magliano, se animaron a comprar a los brasileños de Marfrig una de las marcas más fuertes de la ganadería: la cabaña Pilagá. En la operación, cuyo monto esta bajo siete llaves, se llevaron un plantel de 4500 vientres Braford. Se vendían por año 700 reproductores que remataban en Mercedes, Corrientes y Formosa. Este último remate podría mudarse el año que viene a Quimilí.
Fuente: La Nación, suple campo, 12 de octubre.


Comments are closed.