Se debe ajustar la oferta de pasto disponible en el potrero con la demanda de alimento del rodeo.
NUEVE DE JULIO.- «De nada sirve la mejor semilla o el mejor pasto si no se es eficiente en el manejo de la pastura y del pastoreo», dijo Juan José Amadeo, director de la Escuela de Pastores, junto a Joaquín González Bonorino, director de Gentos, y que integran Félix Roumieu, Martín Bigliardi y Eugenio Pérez Panera, del staff de la empresa, y el asesor Manuel Arnaude,
«Buen manejo de pastura significa el uso eficiente del pasto u hojas que crecen evitando su muerte; cosechar con los animales el pasto verde y vivo manteniendo un remanente adecuado que garantice el normal crecimiento de la pastura», señaló el especialista.
En un paréntesis del taller realizado a campo en un establecimiento de esta localidad, Amadeo explicó a La Nación que «manejar el pastoreo significa adecuar la carga animal para poder cosechar en pastoreo directo el forraje disponible, evitando el sobrepastoreo y el subpastoreo. «Nosotros nos vamos a parar en el medio de ellos dos», apuntó Amadeo.
Uno de los aspectos en lo que este curso hace hincapié es en saber medir el pasto disponible en cada parcela para el mejor aprovechamiento por parte de la hacienda. En ese sentido, una de las explicaciones de Manuel Arnaude radicaron en la altura de la pastura. «Esta puede ser un buen indicador que nos ayude a estimar cuánto pasto hay disponible para los animales. Tomemos para orientarnos 7 a 12 centímetros como alturas deseables de mantener. Alturas mayores a 18-20 centímetros u otras que el pasto llega al paragolpes de la camioneta no son deseables. En estos casos extremos hay mucho pasto acumulado, pero no es preferido por los animales», aseveró el profesional.
Estimando cuánto pasto hay disponible y cuanto puede llegar a crecer y/o acumular en un cierto período se obtendrá la oferta de forraje. Sabiendo cuánto consume un animal por día o en dicho período se habrá estimado la demanda. «Ajustando la oferta con la demanda y además sin perder forraje, habremos confeccionado un buen presupuesto forrajero», explicó Arnaude.
Cálculo
Gráficamente, el cálculo que hizo Arnaude es el siguiente:
*Una pastura tiene 1800 kilos de materia seca por hectárea. El término materia seca (MS) se emplea para expresar cantidades, no sólo de pasturas, sino también de verdeos, silajes, alimentos balanceados, rollos, etcétera. Si se estima dejar un remanente no menor a 1400 kilos de MS/ha, por lo tanto se dispone de 400 kilos de MS para consumir con los animales.
*El crecimiento en los próximos 60 días será de 10 kilos MS/ha/día. Por lo tanto, los 400 kilos de MS disponibles sumados los 600 kilos de crecimiento (60 días por 10 kilos MS/día) da un total de 1000 kilos, los que durante 60 días con un consumo de 10 kilos por día da una carga promedio de 1,6 animales por hectárea.
Por último, Arnaude recomendó que hay que estar atentos y siempre adelantarse al crecimiento del pasto, ajustando la carga animal para hacer una cosecha eficiente del forraje disponible.
Todo consiste en tener más hojas verdes
Aportan mayor materia seca y calidad a la ración y son las preferidas por los animales
«Las hojas verdes y vivas son las que más interesan porque son las que aportan mayor calidad a la ración. Son las preferidas por los animales, las que mejor convierten recursos ambientales y las que generan mayor crecimiento de materia seca», dijo el director de la Escuela de Pastores, Juan José Amadeo.
Para entrar en contexto, cabe explicar que una pastura es un cultivo que está compuesto o formado por una o varias especies forrajeras, la mayoría perenne. Algunos llegan a vivir más de 30 años.
Estas especies pueden ser gramíneas o de hoja angosta (como festuca, agropiro, cebadilla, raigrás, pasto ovillo, etcétera) y leguminosas (como alfalfa, lotus y tréboles, entre otras).
Precisamente, la primera parte del curso se centró en el manejo de gramíneas, que son las más comunes, dijo Amadeo. «Nosotros, como productores, queremos que las pasturas produzcan mucho pasto para los animales. En cambio, las especies forrajeras tienen como objetivo asegurar su persistencia mediante la formación se semillas para continuarse. En síntesis el ciclo de crecimiento de las gramíneas es muy simple y está basado en la producción de hojas, cañas, flores y semillas. Ésa es la función y el objetivo de la planta», señaló el profesional.
Agregó que para el ganadero, el mayor interés es la primera parte del crecimiento: la generación de hojas. «Entonces, intentaremos mediante manejo que sólo se formen hojas y que además esas hojas estén verdes y vivas», sostuvo el director de Gentos.
Por último, Amadeo aclaró que esta explicación sobre las gramíneas perennes es aplicable también para los verdeos de invierno como avena, raigrás, triticale, centeno, cebada, trigo, etcétera, que son gramíneas anuales.
Fuente: La Nación, suple campo, 6 de diciembre.


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