Los argentinos consumen 64 kilos por año, más del doble que en otros países. Pero la economía y las políticas erráticas de los últimos años afectaron al sector.
Hace cien años, la carne de res hizo de la Argentina un país rico. Hoy empobrece a los argentinos. En un clásico restaurante especializado en carnes de Buenos Aires, con meseros gruñones y paredes cubiertas de fotografías en blanco y negro, Luis Hernández expresa la tristeza de muchos cuando dice: Un argentino sin carne de res es como un equipo de fútbol sin su mejor goleador.
Al igual que sus compatriotas, Hernández, vendedor de muebles, adora la carne de res. En promedio, los argentinos se atiborran de 64 kilogramos de carne de res al año, más del doble de lo que se consume en otros países amantes de la carne, como en los Estados Unidos o Australia. El producto de los fértiles llanos de la región de la Pampa está muy arraigado en la sociedad argentina. Engendró la cultura gaucha, provocó la inmigración en masa desde Europa y llevó a la Nación a ser una de las más ricas del mundo a inicios del siglo XX.
Sin embargo, ahora los problemas económicos del país, especialmente una inflación de aproximadamente 30% el año pasado, y una larga historia de elaboración errática de políticas por parte del Gobierno amenazan lo que Hernández y muchos argentinos creen que es suyo por derecho innato.
También el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner comparte los temores de los argentinos carnívoros, al exigir el mes pasado que la carne de res se vendiera a precios accesibles, en medio de preocupaciones de que el aumento del 30% en el precio de la carne de res desde noviembre provoque la disminución de su consumo. Los economistas predicen que la Argentina va a entrar en recesión este año.
Vamos a tener que aprobar medidas que de una vez por todas defiendan a los consumidores del abuso de los sectores poderosos, los oligopolios y los monopolios, dijo la Presidenta en su discurso anual al Congreso.
Aquejada de una drástica caída de su apoyo, del 42% en diciembre a sólo 25% actualmente, en gran medida debido a los problemas económicos, la mandataria está intentando imponer controles de precios que se introdujeron a inicios de año sobre casi 200 artículos de supermercado, con riesgos de multas o clausura para las tiendas que no cumplan.
El jefe del gabinete, Jorge Capitanich, quien acusa a los especuladores y a comerciantes inescrupulosos de elevar los precios de la carne de res, amenazó la semana pasada con acelerar la intervención en la industria de la carne de res, que ya ha sufrido casi una década de restricciones de exportaciones y controles de precios que han forzado a muchos ganaderos a cerrar.
Los productos agrícolas, desde la carne de res hasta la soja, representan casi la mitad de los u$s 83.000 millones en exportaciones argentinas en 2013, lo cual los convierte en la más importante fuente de divisas desde que el devastador incumplimiento del pago de la deuda soberana de 2001 le cerró las puertas de los mercados de capitales internacionales a la economía argentina.
Aunque Argentina dio un paso adelante en su llamada normalización financiera externa cuando la firma española Repsol aceptó los u$s 5.000 millones de compensación después de que se expropiaran sus activos hace casi dos años, el Gobierno aún depende muchísimo de las exportaciones agrícolas.
Fuente: El Cronista, 14 de marzo.


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