Por Inés Umarán
Allí donde la productividad de la cría es muy baja -80/90 kg/ha- por sus pobres condiciones edáficas y de relieve, y porque la actividad ganadera se basa sólo en el aprovechamiento de pastizales naturales muy poco productivos, con poca elaboración de reservas, con algunos pocos cambios se alcanzó una producción de 157 kg de carne/ha, en promedio durante 10 años. Un cambio que, sin dudas, vale la pena contar.
A partir de un manejo racional, quienes demostraron que se puede mejorar sustancialmente la actividad, en esos ambientes, fueron los ingenieros agrónomos Matías Bailleres, Daniel Sarena y el veterinario Gustavo Melani, que pertenecen a la unidad de producción de cría de la Chacra Experimental Integrada Chascomús, en la que trabajan juntos el Ministerio de Asuntos Agrarios de la provincia de Buenos Aires y el INTA.
Desde allí, los profesionales fueron por más: incluyeron la invernada de los machos producidos por el rodeo de cría, ocupando poco más del 10% de la superficie y generando un incremento del 21% en la producción de carne -que alcanzó los 190 kg/ha-, además de un fuerte impacto en el margen bruto, que aumentó un 46% respecto de la cría pura.
Esto los llevó a pensar que un paso más hacia la maximización de los beneficios puede ser posible, buscando los mejores lugares del campo, desplazando la cría por la invernada de los machos en un primer año y, con la base forrajera estabilizada, agregar luego la invernada de las hembras.
Así, hace algunos años y con el apoyo de técnicos de la empresa Barenbrug-Palaversich, se armó el Módulo de Invernada, para evaluar el potencial productivo de la zona en este tipo de planteos, básicamente pastoril, con pequeños aportes de suplementación estratégica para cubrir desbalances nutricionales, por variaciones en la curva de producción de pasto y requerimientos crecientes de los animales en engorde.
El forraje participa en un 91% de la dieta. El 9% proviene de la suplementación con maíz o sorgo, por ahora sólo para los novillos (las vaquillonas van siempre a pasto).
Los recursos forrajeros fueron elegidos para intentar suplir los requerimientos ganaderos durante todo el año; y esto es muy difícil, ya que en primavera el forraje explota al crecer a tasas altas, en verano es muy variable según las lluvias y en invierno las temperaturas y el nitrógeno son limitantes, explicaron los especialistas.
En el trabajo incluyeron diferentes cultivos y mezclas de pasturas, cuya composición varía según la rotación (corta/larga), posición en el relieve (loma/bajo), objetivo de producción y momento del año.
También es clave la elección de especies de una mezcla para armar la cadena forrajera según las necesidades del sistema. ¿Cuáles son las especies claves en estaciones difíciles?. Raigrás anual y festuca en invierno; lotus tenuis y pasto ovillo en verano. A nivel especie, la elección de variedades es fundamental, hay una gran oferta y grandes diferencias entre ellas en ciclo, tolerancia y resistencia a plagas y enfermedades, calidad y presentación de simiente. En la mayoría de las forrajeras aún se compra por especie y no por variedad, lo que no ocurre con maíz o sorgo, destacan los ingenieros.
Los pastoreos se manejan con alambrado eléctrico en franjas -de uno o dos días de permanencia- con muy altas cargas instantáneas, a fin de lograr el máximo aprovechamiento del pasto producido, y pastoreos muy rápidos, con descansos largos para favorecer el rebrote de las pasturas.
Los terneros ingresan al módulo luego del destete, principalmente en abril y mayo, y un porcentaje menor en octubre o noviembre -provienen de las vaquillonas con servicio en otoño-. Así, hay una doble época de ingreso a la invernada, lo que le da mayor elasticidad al sistema, al no quedar tan concentradas las ventas de animales terminados. Se venden como gordo, con alrededor de 400 kg los novillos y 300 kg las vaquillonas.
Los resultados completos son muy buenos: se obtuvo un promedio de 570 kg de carne /ha, en promedio de 7 años de trabajo. Y con una variación aproximada de 120 kg, lo que demostraría la gran estabilidad del sistema, comparado con las diferencias por efecto año en actividades como la agricultura ocasional en suelos marginales, cuyo riesgo es mucho mayor.
Es decir, hay una alternativa complementaria a la cría, que mejoraría el margen total y diluiría riesgos al diversificar las actividades. Un dato para tener en cuenta.
Fuente: Clarín, Suplemento Rural, 6 de agosto.


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