Por Alejandro Chicatún.
Trabajo en la cuenca deprimida del Salado como asesor en un establecimiento donde la principal actividad es la ganadería. Una observación recurrente es la dificultad que se tiene para lograr pasturas altamente productivas, principalmente en suelos de media loma o bajos donde la agricultura es marginal. Los problemas que observamos son variados (fechas de siembra, maquinaria, clima, etcétera), pero uno que reviste gran importancia es la siembra sobre potreros sucios. El principal problema es la gramilla y gramíneas invernales. Estas malezas no tienen control posible una vez que la pastura está implantada, por lo que su control debe ser previo a la siembra.
Una alternativa que estamos manejando es la siembra, previa a la implantación de la pastura, de dos o tres años de maíces resistentes al glifosato. Así estamos realizando control de malezas durante la primavera y verano, eliminando la gramilla y otras malezas que pueden ser de difícil control.
Además, el maíz nos provee de forraje en el verano, e incluso lo podemos diferir en pie para el consumo durante otoño/invierno. En algunos casos se lo cosechó con resultados variables según la calidad del suelo. Un aspecto no menor es la aplicación de glifosato durante el invierno entre maíz y maíz. Así, estamos controlando las gramíneas invernales que pueden competir más adelante con nuestra pastura.
Una opción es la siembra de un verdeo de invierno como último cultivo previo a la siembra de la pastura. Con este manejo tenemos un barbecho más largo antes de la siembra de la pastura, y no corremos contra reloj para pastorear el maíz antes de mediados de febrero. Nos encontramos en un excelente momento para invertir y armarnos para momentos difíciles. Debemos utilizar las tecnologías disponibles para producir más y mejor forraje, siendo eficientes en su transformación en carne.
Fuente: La Nación, Suplemento Campo, 6 de agosto.


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