Por Carlos Marín Moreno
Hasta ahora, la recuperación del stock vacuno viene muy lenta, porque se está concretando principalmente por retención de terneras y por un nuevo servicio a la vaca vieja, que otros años se cargaba para faena, más que por la aparición de nuevos jugadores en el mercado que compren vaquillonas o vacas nuevas preñadas para iniciar nuevos emprendimientos ganaderos.
La definición anterior corresponde a un consignatario de la cuenca del Salado, pero también refleja lo que ocurre en la zona de cría central del país. El empresario recibe pocas consultas de interesados no pertenecientes al sector dispuestos a invertir, por ejemplo, un millón de dólares para la compra de 1000 vaquillonas preñadas para probar suerte con la ganadería. «Los inversores saben que estarían entrando al negocio en un momento de pico de precios y que el capital invertido puede verse reducido cuando la hacienda retome los valores históricos», justifica.
El consignatario considera que no se concretan decisiones oficiales que impulsen el proceso de recuperación ganadera y no se genera la confianza necesaria con planes de largo plazo que atraigan nuevos interesados en la actividad pecuaria. Por esa razón, los que pueden hacer aportes positivos al rodeo nacional son, prácticamente, los ganaderos «históricos».
La persistencia de las restricciones oficiales a las exportaciones también influye negativamente en las decisiones, porque los inversores tienen dudas sobre la salud financiera de algunos operadores que son los que le comprarían la producción.
«Hoy prácticamente el novillo de 500 kilos o más no tiene comprador, porque los frigoríficos tradicionalmente exportadores están sobreviviendo con las ventas al mercado interno», distingue el consignatario.
Ese comportamiento determina que se orienten hacia un animal de 430/450 kilos de peso máximo, una exigencia que también perjudica a algunos invernadores, que deben diluir en pocos kilos el alto costo del ternero para engorde.
La lenta recuperación del stock también se refleja en los gastos e inversiones para la actividad. El consultor Ignacio Iriarte advierte que la venta de productos veterinarios ha experimentado una recuperación muy modesta y lo mismo lamentan los vendedores de tranqueras, aguadas y molinos.
Fuente: La Nación, Suplemento Campo, 6 de agosto.


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