Por Susana Cseh.
Desde los sesenta, cuando fue diagnosticada por primera vez en el sudeste bonaerense, la hipomagnesemia es una grave preocupación de los productores ganaderos. Caracterizada por bajas concentraciones de magnesio (Mg) en la sangre de los bovinos, posee un índice de mortandad del 4 al 5% en los rodeos afectados en esta región. Desde el INTA Balcarce estamos seguros que un buen diagnóstico es el paso más firme para la prevención, ya que cuando sospechamos de un cuadro de hipomagnesemia en un rodeo podemos analizar el contenido de Mg en la sangre de algunos animales, el cual debe ser mayor de 1,8 mg/100 ml.
Existen dos tipos de hipomagnesemia: la primaria, cuando el contenido de Mg en el pasto es menor al 0,20% de materia seca -condición que no cubre los requisitos mínimos de ese mineral por parte del animal- y la secundaria, cuando el contenido de magnesio en el alimento es el adecuado, pero la presencia de elementos interferentes impiden su absorción y utilización.
Debemos decir que el potasio es el interferente de mayor importancia: cuando su concentración en el pasto es mayor de 2,5% se considera que el forraje que consume el animal es de alto riesgo, pues le puede provocar tetania por hipomagnesemia.
Esta deficiencia afecta principalmente a las hembras, debido a que están sujetas a mayores presiones de producción como la gestación y la lactación.
Es importante aclarar que para prevenir la aparición de hipomagnesemia el Mg debe administrarse como suplemento, exclusivamente por vía oral y en los épocas de mayor requerimiento. De este modo es posible prevenir la hipomagnesemia suministrando fardo o rollo espolvoreado con óxido de magnesio. En el caso en que los animales no acepten un suplemento salado debe mezclarse el Mg con melaza, maíz, afrechillo o saborizantes.
Fuente: La Nación, Suplemento Campo, 3 de diciembre.


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