Por Luciano Aba
Este año, los feedlots profundizan el nuevo modelo del negocio: meter más kilos por cada animal.
El esquema tradicional que desarrollaban los feedlots en nuestro país se ha ido modificando, al ritmo de los cambios vividos por el conjunto de la ganadería. Atrás quedaron ya los ciclos productivos de 80 o 90 días, los cuales harían hoy inviable el negocio de los productores frente a una relación para ellos negativa en lo que hace a la compra (de invernada) y venta (de gordo).
A fin de discutir estos temas, la Cámara Argentina de Feedlot organizó una visita al establecimiento Las Mercedes -en la localidad bonaerense de San Pedro-, donde Clarín Rural pudo conocer las expectativas de un grupo de feedloteros.
En relación a los últimos siete meses del año pasado, cuando el negocio evidenció pérdidas, somos optimistas de cara a este 2012, comentó Ignacio Rivarola, quien hizo de anfitrión en el feedlot que comanda desde 1996.
Allí, frente a sus 140 hectáreas, Rivarola repasó la historia de su empresa -Proteco S.A.-, con una capacidad para el engorde de 12.000 animales. Interesante fue comparar el nivel de ocupación de este campo (5.000 bovinos), con el 41% que estima la Cámara de Feedlot para sus socios en la actualidad, situación que no impide a los engordadores abastecer más de la mitad de la carne que se faena para el consumo interno. Pero el negocio cambió y los feedlots apuntan a agregar valor sobre un nuevo modelo productivo.
Es clave que se haya achicado la brecha entre el valor de compra de un ternero y el de venta de un animal gordo, la cual en 2011 rondó entre un 20% y un 40% a favor de la reposición. Este año se podrían igualar esos valores o bien manejarnos con una diferencia del 10%, lo cual alienta a encerrar más animales, comentó Antonio López Da Silva, de Don Corral, firma que posee dos feedlots, uno en Las Flores -Buenos Aires- y otro, en Santiago del Estero.
A la vez, el productor explicó que como el kilo producido dejó cierto margen en 2011, se instaló la necesidad de generar animales más pesados: preferimos hacer un novillo de 400 kilos antes que un ternero de 300.
En relación a este tema, Leandro Cornet, dueño de la empresa santafesina Pavón Arriba Cereales, que dispone de dos feedlots con una capacidad para 8.500 cabezas y una ocupación superior al 95%, agregó: Compramos invernada con un peso que oscila entre los 180 y 240 kilos, para luego venderla con 330 kilos. Pasamos de los ciclos tradiciones y un engorde de 90 kilos, a un esquema de 150 días y el agregado de 165 kilos, promedio. De otro modo, el negocio es inviable.
Queda claro que la próxima zafra definirá la situación de los engordadores argentinos a lo largo de 2012. Los productores son optimistas, en base a un destete que se espera superior al de años anteriores y a la menor demanda de terneros por parte de quienes se dedican a la recría a campo. El negocio se torna interesante, fundamentalmente en la búsqueda de novillos de más de 400 kilos.
Fuente: Clarín, Suplemento Rural, 7 de abril.


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