El manejo del estrato herbáceo y la incorporación de especies adaptadas al ambiente son puntos fundamentales en los sistemas silvopastoriles.
Entre los bosques salteños de quebrachales y algarrobos, en las cortinas ocupadas por la ganadería, Carlos Segón siembra pasturas de gatton panic, la especie más difundida en este tipo de sistemas, por tener un costo de semilla más accesible y una mayor facilidad de implantación.
Últimamente están saliendo pasturas como mulato, que son tri-híbridos de brachiaria, pero precisan una inversión mucho más alta y una preparación del suelo más costosa, comenta el productor.
En el sur de Santiago del Estero, José Gabriel Silveti también utiliza el gatton. En el campo hay una catena de diferentes ambientes. En las partes más altas, hacemos un rolado y siembra de gatton panic. En los últimos años agregamos algo de buffel grass, que después de las sequías aparece como una herramienta para asegurar un piso de producción más alto que el de las pasturas naturales, describe.
En Misiones, en cambio, las pasturas son de brachiaria brizanta y del llamado pasto jesuita. Hemos tenido muy buena respuesta de producción con 40% de sombra, y son pastos con mayor contenido de proteína, algo importante ya que en las zonas subtropicales la proteína es la limitante para el ganado, explica Luis Colcombet, del INTA Montecarlo. Y agrega que si no se logra un 8% en la ingesta, no se obtiene una buena cría y recría. Con los silvopastoriles, estamos superando el 10% de contenido de proteína, y el desafío es llevar ese porcentaje al 18% e incursionar en engordes sin suplementación.
Fuente: Clarín, Suplemento Rural, 9 de junio.


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