Por Lucas Villamil.
El maíz es central en muchos sectores y se integra cada vez más a negocios que agregan valor en va-rias zonas. Los casos del feedlot y el etanol.
Tenemos que darnos cuenta de la oportunidad que tenemos al ser poseedores del maíz, que acepta tantas transformaciones. La frase pertenece a Manuel Ron, un productor y empresario de Río IV que junto a 25 productores de su zona creó una empresa para la producción de etanol a partir del cereal que desde agosto comenzará a moler 600 toneladas de granos por día.
Lo dijo en un panel que él mismo moderó y que inauguró la segunda parte del Congreso de Maizar, dedicada a pensar a la cadena del maíz desde el grano en adelante. El agregado de valor, hoy, es el concepto indiscutible que guía las acciones y estrategias vinculadas al cereal.
La planta que se inaugurará pronto en Río IV forma parte de un grupo de emprendimientos que se lanzan este año a la producción de etanol, y que tendrán como subproducto un componente protéico que puede ser utilizado para la alimentación animal. De esta manera, un eslabón de la cadena se une con otro.
Según Rodrigo Troncoso, de la Cámara Argentina de Feedlots, quien también participó del panel, alrededor de un 65% de la hacienda engordada en la Argentina pasa actualmente por los corrales, y el resto recibe algún tipo de suplementación. Es una tendencia que seguramente se fortalecerá en los próximos años y estará vinculada a la cadena maicera.
Como ejemplo de lo que se puede lograr a partir de la implementación de los sistemas de engorde a corral y de la interacción de la ganadería con la producción del cereal, Troncoso expuso el caso de Mendoza.
Hace pocos años, la provincia exportaba todos sus terneros a las provincias vecinas, donde se les agregaba valor a través del engorde y luego volvían a Mendoza para el consumo. Ahora, gracias a la producción de maíz y forrajes bajo riego y a la creación de una decena de establecimientos de engorde, hay un 30% de los terneros que se quedan en Mendoza y completan el ciclo hasta el momento de la faena.
Así, el criador mendocino puede vender con menos gasto de flete y los frigoríficos faenan más hacienda gracias al maíz, afirmó Troncoso.
El de Mendoza no es el único caso en el que la ganadería es el vehículo para el agregado de valor del maíz. Pablo Sívori, Coordinador de la Iniciativa de Desarrollo de Clusters del Prosap, citó el caso del cluster ganadero que el Ministerio de Agricultura impulsa en la zona de Albigasta, entre el oeste de Santiago del Estero y el este de Catamarca.
Allí, aprovechando la presencia de las condiciones e infraestructura necesarias para el engorde de animales y su faena, se busca crecer de 260.000 cabezas de bovinos a un millón. Esta región es la puerta de entrada al mercado del NOA, explicó Sívori. Pero el problema son los bajos índices de productividad, y en eso se puede mejorar, según indicó, con el trabajo conjunto de todos los actores. El cluster permite resolver problemas de innovación, financiación, información y conocimiento, destacó Sívori.
En el final del panel, Manuel Ron concluyó, para llevar a cabo estas transformaciones, ya sean agroalimentarias o agroenergéticas, tenemos que hacer dos grandes clicks. Por un lado, debemos pensar en el asociativismo, y por otro lado, confiar en que hay gente capacitada para llevar a cabo la transformación.
Fuente: Clarín, Suplemento Rural, 19 de mayo.


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