Qué debemos tener en cuenta al momento de manejar el pastoreo durante el otoño-invierno para mejorar la utilización del recurso forrajero y maximizar su conversión a carne.
Por Laura Rocío Echave, redacción Chacra.
Una de las dificultades del manejo del pastoreo se debe a las grandes diferencias que se registran en la capacidad de la producción forrajera entre las distintas estaciones del año. La productividad primaveral duplica las productividades otoño-invierno las que permiten alimentar al ganado con altas ganancias de peso vivo.
La estrategia es utilizar y transformar eficientemente a carne, los altos volúmenes de forraje de primavera, antes que envejezcan y pierdan calidad. Para cumplir tal objetivo se requiere disponer desde el inicio de la primavera una carga animal adecuada, superior a la que puede soportar el recurso durante el otoño-invierno anterior.
Se debe aumentar la carga en base al pastoreo directo, la forma más eficiente y económica de alimentar ganado. Luego el uso de reservas (henos, silos) y suplementación, posibilitan un incremento de la carga en estas estaciones y así una mejor utilización del forraje.
Los bajos índices productivos otoño-inviernales se explican por baja disponibilidad global de forraje. La selección de una correcta rotación forrajera define las áreas efectivas de pastoreo.
Otros factores como los tiempos de pastoreos y descansos, nivel de engramillamiento, uso de gramíneas perennes, dosis de aplicación de nitrógeno a las gramíneas y fósforo a las leguminosas intervienen fuertemente en los resultados productivos.
La baja disponibilidad otoño invernal determina que los coeficientes de utilización de las pasturas sean los más altos del año. A medida que se incremente la oferta global en estas estaciones se registran respuestas importantes biológicas y económicas, a una correcta administración del forraje, mejorando la utilización del recurso escaso para la conversión a carne.
Para dilucidar un poco más acerca de este tema Chacra consultó al Ing Agr. Fernando Cavagnaro, docente Fauba, quien nos iluminó con distintos factores a tener en cuenta respecto a los temas abordados:
Las medidas de manejo que se adoptarán durante el otoño-invierno dependen fuertemente de lo que se haya realizado durante la primavera y verano anterior. Es importante que los verdeos y las promociones de raigrás estén listos para pastorearse en mayo.
Enfatizó en la conveniencia de la suplementación con grano de maíz ya que el forraje de los verdeos y pasturas puede llegar a ser muy aguachento y relativamente bajo en energía en esta época.
Se debe tener en cuenta que si el forraje disponible está pasado porque no se pastoreo bien a fines del verano se deberá consumir con las vacas secas y estas suplementadas con nitrógeno o proteína (bloques de urea, expeler de soja o girasol).
En casos en los que se cuente con mayor superficie de campo natural y no sea posible la suplementación se deberá ingresar al invierno con la menor carga posible para evitar que las vacas pierdan condición (vender terneros e invernada).
Reservar potreros dominados por especies invernales para ser usados a partir de julio.
No utilizar elevadas cargas instantáneas en potreros encharcados o inundados para evitar el amasado del suelo y enfermedades de la pezuña.
Por el menor creciminto invernal usar tiempos mayores de ocupación y de descanso. La probabilidad de comer el rebrote es menor pero el tiempo que requiere la vegetación para recuperarse es mayor.
Finalmente asegura que la vaca de cría tiene los más bajos requerimientos del año en abril, pero debe tener una condición corporal aceptable, para lograr ser sirvida en octubre.
Fuente: Revista Chacra, 29 de abril.


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