La cría bovina intensiva (CBI) encuentra su máxima expresión en campos de aptitud agrícola de la pampa húmeda, con tierras fértiles de pasturas a base de alfalfa o tréboles de gran producción, además de rastrojos de cultivos agrícolas. Este ambiente con un clima templado y óptimas precipitaciones posibilita una gran producción agrícola integrada con una ganadería pastoril, logrando altas producciones y la mejor calidad de carne.
Con un pastoreo racional durante la primavera y el verano, en un campo ubicado en Pergamino, en el norte de Buenos Aires, las pasturas ofrecen el forraje necesario para altas cargas (4 vacas por hectárea) en plena lactancia y servicio, logrando elevados índices de preñez. Un 20% de la superficie con aptitud agrícola se destina a pasturas de base alfalfa, y el restante 80% se dedica a la agricultura en siembra directa, mientras que durante los meses otoño-invernales las vacas están secas, sin ternero, con menores necesidades, y disponen de rastrojos de soja, maíz o sorgo como base forrajera y verdeos de invierno como avena o rye grass, con suplementación estratégica de rollos de pastura o silaje de maíz.
Hace más de diez años, el INTA Venado Tuerto conformó los grupos de productores CBI que lograron ser competitivos con la cría vacuna debido a la alta producción de terneros (cerca de 4 terneros por hectárea por año), lo que permite una rentabilidad similar o mayor a la soja y el maíz de la zona núcleo.
El sistema, con las deyecciones de los animales y el aporte de las raíces de las leguminosas y gramíneas, incrementa la materia orgánica y otros nutrientes para elevar los rindes de cultivos posteriores. Así, con vacas de cría es posible obtener muy buenos resultados productivos y económicos.
Fuente: Clarín, suple rural, 22 de junio.


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