Por Jorge Ingaramo, Economista
El autor de este artículo advierte que la cría y la invernada están jaqueadas por la falta de lluvias y el aumento de insumos clave como el maíz. Pero la faena continúa en ascenso y el riesgo es que el stock ganadero vuelva a caer. En este escenario, recomienda que el Gobierno libere las exportaciones después de las elecciones para estimular a la cadena y sumar divisas.
Por cuatro años de desaguisados, de 2006 a 2009 (más una seca), la caída del stock bovino fue dramática: casi 10 millones de cabezas. La tendencia cambió a fines de 2009 (también fallaron, y mucho, la soja y el maíz). El precio de los terneros subió, los feedlots quedaron semivacíos, los consumidores patalearon, pero los criadores no pudieron disfrutar de la buena nueva por la escasa oferta de terneros y de forraje.
La recuperación duró desde 2011 hasta principios del año pasado. Se insinuó una típica fase de retención. En 2012, el maíz volvió a ser escaso y también se consumieron reservas forrajeras, porque otra vez faltó el agua y no hubo ninguna reacción oficial.
Nuestras exportaciones dieron pena, pero no así las de Paraguay y Uruguay, muy agradecidas por el efecto Moreno. Mientras tanto, los ganaderos locales tomaban decisiones del tipo fase de equilibrio; es decir, no sabemos si de inicio de una liquidación o de final de una retención.
Para comprender la coyuntura que viene atravesando el negocio es muy útil repasar algunas cifras.
El porcentaje de hembras en faena fue de 37,4% en 2011, llegó a un mínimo del 36,6% en marzo, para subir a 39,7% (2012) y a 41,6% en noviembre-diciembre de 2012.
El peso en el canal de la media res alcanzó los 230 kg (2011) para bajar a 227 kg en 2012 y a 217 kg en el primer cuatrimestre de 2013.
La faena total pasó de 10,85 millones de cabezas a 11,53 millones, entre 2011 y 2012, un 5,3% más. En 2013 creció 10,2%.
Las exportaciones de carnes y preparados bajaron 5,3% en 2012 y las del complejo de lácteos 10,5% en el mismo año. Ponemos lácteos, por la importancia de los terneros machos Holando. El consolidado mermó en 7,4%. En 2013, por la mayor faena, las ventas externas de carne subieron 5,7% pero bajaron 25,5% las de lácteos. La Argentina, que exportaba 720.000 toneladas antes de la intervención de los K, llegó a apenas 184.000 toneladas (2012). La proyección para 2013, es de 193.000 toneladas.
Buena parte del aumento del 10,2% de la faena, en lo que va de 2013, (subió apenas 5,4% la producción), pasó al consumo interno (más 6,2%, en toneladas). Las exportaciones cayeron 4,8%, a valores superiores (1,6%) a los de un año atrás.
En este contexto, encima, la zafra de terneros de 2013 está a punto de rifarse. No es para menos: está lloviendo poco en buena parte del país y el maíz disponible cerró el mes de mayo a U$S 215 por tonelada (carísimo).
¿Qué se puede hacer? Hay una sola y única política, simple, oportuna y seguramente efectiva, para cambiar la situación del sector, beneficiando a prácticamente veinte provincias argentinas: liberar todas las exportaciones de carne vacuna desde el 1º de noviembre de 2013 en adelante, aunque sea manteniendo las retenciones. Ya habrán pasado todas las elecciones y el Gobierno comenzará a sentir otra vez el inminente agobio de la escasez de dólares del verano.
El costo de no hacer nada es exportar menos de 200.000 toneladas de cortes caros y comernos la diferencia, pagándola barata (con ínfima productividad de stock) y obligando a competir, ruinosamente, a los ganaderos con los polleros; que tienen una ventaja: retenciones de 32% y 20% sobre la harina de soja y grano de maíz, los insumos de esta carne, de ciclo muy corto y eficientísima conversión.
En cambio, con una medida de este alcance, y proyectando una faena de 11,5 millones de cabezas en 2014, se le podrían agregar unas 200.000 toneladas a la productividad del stock, o sea 18 kilos más al rendimiento en el canal. Son U$S 1.000 millones de exportaciones adicionales.
El Gobierno debe repensar su conducta con el campo, sobre todo si obtiene resultados electorales negativos en la provincia de Buenos Aires.
Allí, se siembra buena parte del trigo y más de la mitad del área girasolera. También es una de las principales regiones de cría vacuna del país.
Fuente: Clarín, suple rural.


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