{"id":5347,"date":"2013-04-08T00:00:01","date_gmt":"2013-04-08T00:00:01","guid":{"rendered":"https:\/\/proagrolab.com.ar\/las-enfermedades-y-sus-curiosas-terapeuticas\/"},"modified":"2013-04-08T00:00:01","modified_gmt":"2013-04-08T00:00:01","slug":"las-enfermedades-y-sus-curiosas-terapeuticas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/proagrolab.com.ar\/en\/las-enfermedades-y-sus-curiosas-terapeuticas\/","title":{"rendered":"Las enfermedades y sus curiosas terap\u00e9uticas."},"content":{"rendered":"<p class=\"qtranxs-available-languages-message qtranxs-available-languages-message-en\"> <\/p><p>Los h\u00e1bitos caseros del mundo rural para curar dolencias perviven hasta hoy.<\/p>\n<p>Por Silvia Long-Ohni.<\/p>\n<p>El gauchaje -hombres, mujeres y descendencias- no contaba con demasiadas opciones a la hora de enfrentar y curar sus males del cuerpo. Sus \u00e1mbitos de vida, siempre alejados de los sitios en los que era factible el desarrollo de la medicina formal, sus precarios medios de subsistencia que, adem\u00e1s, originaban reg\u00edmenes de alimentaci\u00f3n y de higiene insuficientes, y su adscripci\u00f3n a un medio cultural reacio al progreso de las pr\u00e1cticas cient\u00edficas, afincaron su confianza en la eficacia de los curanderos, sanadores, &#8220;saludadores&#8221; y comadronas, a la hora de plantar diagn\u00f3stico y establecer terapias ante las m\u00e1s variadas enfermedades.<\/p>\n<p>Una muy importante gama de h\u00e1bitos caseros, respaldados por una tradici\u00f3n emp\u00edrica considerada como autoridad, no s\u00f3lo se mantuvo arraigada entre los gauchos y tambi\u00e9n entre los indios, sino que, asimismo, en muchos casos, termin\u00f3 incorpor\u00e1ndose a las costumbres de los inmigrantes y de la gente de campo en general. As\u00ed, ciertos aspectos de esa rudimentaria conciencia sanitaria, de esa medicina popular, han pervivido y perviven hasta nuestros d\u00edas, tradici\u00f3n oral mediante, en las clases econ\u00f3mica y culturalmente m\u00e1s indefensas.<\/p>\n<p>Pocas son las fuentes documentales de las que cabe disponer a la hora de estudiar or\u00edgenes, razones y resultados de esta medicina, porque, adem\u00e1s de la escasez de registros escritos, lo que se conserva ha pasado, de boca en boca y ostenta infinitas variantes. Pero por poco que sea, ah\u00ed lo tenemos a Jos\u00e9 Hern\u00e1ndez, quien pone en boca de Mart\u00edn Fierro una breve pero expresiva descripci\u00f3n del tratamiento para curar la viruela, por ejemplo, cuando dice: &#8220;Brama el indio de dolor \/ por los tormentos que pasa,\/ y unt\u00e1ndolo todo en grasa \/ lo ponen a hervir al sol.&#8221;<\/p>\n<p>Entre los padecimientos m\u00e1s comunes a los que se enfrentaba esa medicina primitiva son bien conocidos el empacho, los pasmos, el mal de ojo, los aires, catarros, alergias, constipaciones y dolores reum\u00e1ticos; los cuatro \u00faltimos habitualmente sol\u00edan ser tratados con fricciones de grasa de gallina o &#8220;infundia&#8221;, rodajas de papa cruda aplicada en las sienes o con el uso de una franela gruesa, capaz de mantener el calor al ser aplicada en la zona afectada.<\/p>\n<p>Pero, para ser m\u00e1s estrictos, eran los empachos los que constitu\u00edan un verdadero quebradero de cabeza para las madres del campo. Nadie puede ignorar que, en estos casos, la ignorancia de ciertas nociones b\u00e1sicas de puericultura llevan, por lo general, a esas mujeres a optar por procedimientos de alimentaci\u00f3n en nada ben\u00e9ficos para el reci\u00e9n nacido pues, en lugar de mantener un ritmo regular en la ingesta es frecuente aquello de poner el ni\u00f1o al pecho toda vez que llora lo que deriva en un proceso de alimentaci\u00f3n completamente perturbado y en trastornos digestivos que, de manera gen\u00e9rica, caen bajo la denominaci\u00f3n de empachos, dolencia que cualquier curandera avezada solucionar\u00e1 &#8220;tirando el cuerito&#8221;.<\/p>\n<p>En cuanto a los pasmos -esas afecciones gen\u00e9ricas y cl\u00e1sicas-, sus etiolog\u00edas suelen ser asombrosamente m\u00faltiples: se pasma quien sufre de una infecci\u00f3n; se pasma la lastimadura que se moja con agua fr\u00eda; se pasma el enfermo que sale al aire libre; se pasma la mujer que, en el ciclo menstrual, se ba\u00f1a; se pasma el hombre si toma agua fr\u00eda cuando est\u00e1 transpirado o si toma vino despu\u00e9s de comer sand\u00eda, de modo que las causas de los pasmos pueden extenderse al infinito.<\/p>\n<p>Con todo, y aun considerando los errores a veces fatales de estos &#8220;m\u00e9dicos del campo&#8221;, ser\u00eda injusto no recordar la palabra escrita -en franco alarde antropol\u00f3gico- por el ilustre doctor Haggard: &#8220;Yo quiero que mis hijos vean al hechicero\/&#8230;\/y le reconozcan como al que nos ha legado la base de casi todo lo que se ha llevado a cabo en la medicina moderna, \/&#8230;\/&#8221; (de El m\u00e9dico en la historia).<\/p>\n<p>Fuente: La Naci\u00f3n, suple campo, 6 de abril.<br \/><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los h\u00e1bitos caseros del mundo rural para curar dolencias perviven hasta hoy. Por Silvia Long-Ohni. El gauchaje -hombres, mujeres y descendencias- no contaba con demasiadas opciones a la hora de enfrentar y curar sus males del cuerpo. Sus \u00e1mbitos de vida, siempre alejados de los sitios en los que era factible el desarrollo de la medicina formal, sus precarios medios de subsistencia que, adem\u00e1s, originaban reg\u00edmenes de alimentaci\u00f3n y de higiene insuficientes, y su adscripci\u00f3n a un medio cultural reacio al progreso de las pr\u00e1cticas cient\u00edficas, afincaron su confianza en la eficacia de los curanderos, sanadores, &#8220;saludadores&#8221; y comadronas, a la hora de plantar diagn\u00f3stico y establecer terapias ante las m\u00e1s variadas enfermedades. 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